Tengo una confesión que hacer: en HumanitZ soy más saqueador que superviviente. Hay gente que juega por construir la base perfecta, otros por la adrenalina del combate... yo juego por ese momento de abrir un contenedor y encontrar exactamente lo que necesitaba. Y después de incontables expediciones (algunas gloriosas, otras que terminaron conmigo corriendo sin pantalones de una horda), tengo clarísimo cuáles zonas valen el viaje y cuáles son una pérdida de tiempo.

Así que hoy te llevo de tour por mis territorios de caza favoritos, organizados según el momento de tu partida. Toma nota, que esto es conocimiento pagado con muchas muertes.

La regla de oro que aprendí a la mala

Antes de darte las zonas, la lección número uno del saqueo en este juego: donde hay edificios agrupados hay mejor botín, pero también más zeeks, y algunas ubicaciones hasta tienen NPCs hostiles esperándote. Esa es la ecuación eterna de HumanitZ: riesgo y recompensa van siempre de la mano. No existe la zona llena de loot y vacía de peligro; si te parece que encontraste una, revisa dos veces, porque algo no estás viendo.

Y un consejo de equipamiento antes de salir: nunca, jamás, salgas a lootear sin ganzúas de repuesto (se rompen en los intentos difíciles) y una pata de cabra. Los mejores botines de este juego están detrás de cerraduras, y no hay nada más triste que estar frente a un casillero prometedor sin forma de abrirlo. Me ha pasado. Todavía me duele.

Para tus primeros días: el circuito del pan de cada día

Cuando recién empiezas, olvídate de las zonas legendarias: tu circuito son las casas residenciales, los garajes y las gasolineras. Suena humilde, pero es la base de todo. Las casas te dan comida, ropa, medicinas básicas y, con suerte, tu primera arma de fuego (pueden aparecer en prácticamente cualquier edificio habitado). Los garajes son mi debilidad personal: herramientas, piezas de auto y materiales de crafteo en cada uno. Y las gasolineras combinan un poco de todo: combustible, repuestos y snacks del apocalipsis.

El truco de esta etapa está en los casilleros de almacenamiento, esos lockers metálicos que rompes con un arma contundente. Cada uno es una lotería que casi siempre paga: comida, piezas, armas... Yo no paso por delante de uno sin reventarlo, aunque vaya con el inventario lleno. Prefiero llorar decidiendo qué soltar que preguntarme qué había dentro.

Cuando ya tienes con qué defenderte: las ferreterías y supermercados

Tu segundo circuito son las ferreterías (Hardware Stores) y los supermercados. Las ferreterías son el paraíso del constructor: clavos, herramientas, materiales que valen oro cuando estás levantando tu base. Los supermercados son la despensa gigante que te quita el problema de la comida por semanas.

¿El detalle? Estos lugares suelen estar en zonas de pueblo con presencia constante de no-muertos. Mi método: llego, doy una vuelta al perímetro en el auto para ver qué me espera, elimino a los sueltos en silencio con el arco, y saqueo con la salida siempre a la vista. La codicia mata más saqueadores que los zombis: cuando la mochila esté llena, te vas. Sin "una casa más". Esa casa de más es donde vive la horda, siempre.

El nivel intermedio con sabor a peligro: campamentos de bandidos y helicópteros caídos

Aquí es donde el looteo se pone interesante de verdad. Los campamentos de humanos hostiles son mi fuente favorita de armamento a mitad de partida: suelen tener contenedores de munición, cajas de armas y casilleros repartidos por el campamento, custodiados por tres o cuatro enemigos armados. Sí, disparan de vuelta. Pero un campamento bien asaltado te equipa mejor que veinte casas, y encima cada bandido eliminado suelta su arma y su munición.

Los helicópteros estrellados son la versión sin defensores: cajas de armas y contenedores de munición junto a los restos. Eso sí, apunta este dato que casi nadie conoce: a diferencia de otros contenedores del mundo, el botín de los helicópteros caídos no reaparece, así que exprímelos al máximo la primera vez y márcalos como agotados en tu mapa.

Las catedrales del botín: hospital, comisarías y el centro comercial

Cuando ya tienes buen equipo, empieza el peregrinaje a los templos del loot. El Hospital es la meca de los suministros médicos, un laberinto enorme donde salir con la mochila llena de vendas, medicinas y material quirúrgico está garantizado... igual que las sorpresas desagradables en sus pasillos. Las comisarías de policía guardan armamento y munición de calidad. Y el Centro Comercial Foree Mall es la experiencia definitiva de saqueo variado: de todo, en cantidad, concentrado en un solo edificio con demasiados rincones oscuros.

Mi consejo para estas zonas grandes: no intentes limpiarlas en una sola visita. Yo las trabajo por alas o por pisos, en visitas cortas, vaciando una sección por viaje. La avaricia de querer el edificio completo en una tarde es la receta clásica para no volver a casa.

El endgame del saqueador: zonas militares, la prisión y los búnkeres

Y llegamos a la élite. Las zonas industriales y las bases militares tienen la mayor concentración de botín de alto nivel de todo el juego: rifles de asalto, chalecos, munición militar. Los puestos de control militares en las carreteras son la versión "aperitivo", perfectos para ir catando ese nivel de equipo. La Prisión guarda contenedores llenos de munición, armadura y armas tras sus puertas cerradas. Y los búnkeres... bueno, ya les dediqué un artículo completo, pero te resumo: tarjeta roja, generador, máscara antigás, y el mejor botín que verás en tu partida.

A estas zonas no se va "a ver qué hay". Se va con plan, con equipo completo, con ruta de escape, y preferiblemente acompañado. El botín de élite se cobra caro a los improvisados.

Mi sistema de rutas circulares (el secreto de mi riqueza)

Y cierro con el consejo que más ha cambiado mi forma de jugar: deja de lootear al azar y planifica rutas circulares que conecten varios puntos de saqueo sin retroceder sobre tus pasos. Mi ruta clásica: salgo de la base en auto, gasolinera → pueblo con ferretería → campamento de bandidos → dos o tres casas del camino → vuelta a casa por el otro lado. Un círculo completo, el tanque de gasolina bien invertido y la mochila (y el maletero) llenos.

Combina eso con marcar en el mapa cada zona limpiada, cada casillero pendiente y cada helicóptero agotado, y en poco tiempo tendrás la isla convertida en tu supermercado personal. Porque en HumanitZ el mapa no premia al más valiente ni al más fuerte: premia al que sabe dónde buscar.